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Bío Bío ¿Río místico?

Columna del investigador Rodrigo Ganter en el Diario Concepción.

Posteado por Por Gianitsa Corral Fecha 30 de Mayo, 2017

Publicada en Diario Concepción

¿Qué quiere decir la autoridad política regional y los urbanistas cuando plantean que la ciudad posee un histórico anhelo de conectarse con su río? Más allá de si efectivamente estamos frente a un antiguo anhelo, acerca de conectar la ciudad con el río, no podemos soslayar un dato histórico anterior a cualquier apetito por recuperar el río para la ciudad, nos referimos a que junto con la llegada de la Fábrica de Paños en los años 20 al sector costanera, se inicia un masivo y progresivo proceso de ocupación de la ribera por parte de un conjunto de familias que con sacrificio y su propia fuerza de trabajo, rellenaron la ribera y proyectaron materialmente el suelo urbano más allá del límite de la línea del tren.

Estos eventos se hacen más evidentes después del terremoto de 1939. Destacando la conformación temprana de agentes comunitarios que se desplegaron como verdaderos constructores de ciudad; relevando una histórica y estrecha relación de autogestión con el río, su paisaje y sus complejas condiciones de urbanización y habitabilidad. Esa otra ciudad siempre estuvo de cara al río, a pesar de que la “ciudad ilustrada” le dio permanentemente la espalda.

Pero, el terremoto del 2010, detonó una oportunidad para la “destrucción creativa”; entonces se redescubre que el sector costanera, particularmente Aurora de Chile, posee un potencial urbano enorme, impulsando una agenda redentora del centro histórico, acompañada de una retórica mística que promueve la conexión de la ciudad con su patrimonio fluvial, una creciente dinámica de renovación urbana y recualificación moral del sector costanera, apelando a la mitología del progreso para la intercomuna y la región.

Ello, mediante un puente colosal, mayor tráfico vehicular, el soterramiento de la línea férrea, iniciativas inmobiliarias para segmentos medios, parques temáticos, etc. En este escenario urbano de desregulación neoliberal, el desafío para los próximos años será una planificación integrada que contribuya en una distribución más justa de las externalidades negativas del progreso, de modo que no afecten siempre a los segmentos precarizados de nuestras ciudades.

Para ello se requiere avanzar en una “democratización” de nuestra democracia y de la propia institucionalidad ciudadana, encarando la participación ciudadana no como ha sido hasta ahora: parte de una mitología, una cuestión consultiva y testimonial; sino de modo activo, deliberante y vinculante, con el propósito de contrapesar el ejercicio de fuerzas de parte de agentes fácticos e institucionales con mayor capacidad para influir en la agenda urbana.

 

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