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San Pedro de la Paz: el precio del éxito

Columna de la investigadora CEDEUS, Carolina Rojas, en el diario El Sur de Concepción.

Posteado por Por Gianitsa Corral Fecha 10 de octubre, 2017

Imagen: Camila Lasalle

Publicado en El Sur de Concepción

Desde el surgimiento de la ciudad jardín de Ebenezer Howard como respuesta a la contaminada ciudad industrial, los espacios naturales son apreciados como una parte escencial del modelo de ciudad. Como bien define Peter Hall en su libro “Ciudades del mañana”, Howard propuso un “medio para reconstruir la sociedad capitalista convirtiéndola en una infinidad de sociedades cooperativas”. Por supuesto también tuvo sus críticas, ya que se materializó en urbanizaciones de ingresos altos de Londres.

San Pedro de la Paz sería nuestra versión más cercana de ciudad jardín, a través de exitosas urbanizaciones como la Villa San Pedro, barrio residencial de los años 60 que surge alrededor de las Lagunas Chica y Grande. Sin embargo, por su valorable concentración de espacios naturales con indiscutible riqueza paisajística, San Pedro desde hace un tiempo, crece por medio de extensivos permisos de edificación en zonas ecologicamente vulnerables, contradictoriamente, sobre humedales y en otros casos viviendas y edificios que aprovechan la vista a sus lagunas, mar y río. Entonces, recordemos que la ciudad jardín nace como una respuesta al aumento indiscriminado y poco saludable de la expansión urbana, no como la motivación para crecer.

Crecer, por supuesto otorga dinamismo a la ciudad y en casos aumenta la plusvalía del suelo, aunque si solo vemos esto, tenemos una mirada sesgada con una escasa visión de futuro de nuestras ciudades. Desde la perspectiva del desarrollo económico bajo el aumento de la construcción, San Pedro es un modelo más que exitoso, es una de las comunas que más crece del área metropolitana de Concepción con viviendas y edificios, siendo una de sus consecuencia directas el aumento de su parque automotriz, por tanto no nos extrañe que sea la que más demande nuevas infraestructuras de transporte.

El costo de crecer en lugares vulnerables y riesgosos como Dunas, Planicie Litoral, Humedales, Borde de Lagunas, y Terrazas del Río Bío Bío es alto. El precio a pagar quizás no se calcula hoy, parecen ser recursos naturales finitos, que siempre estarán ahí para disfrutarlo. Pero no es así. Este tipo de urbanizaciones, ya son reconocidas como insostenibles y sus efectos lo sufrirán las generaciones futuras, en concreto cuando no tengan espacios para recrearse y reducir el estrés, cuando no puedan comprar alimentos saludables, cuando las lagunas no podrán oxigenarse por la falta de ventilación que provocarán los edificios o cuando esté eutroficada y contaminada por deshechos orgánicos y aguas lluvias; también cuando los humedales desaparezcan y nada podrá regular las temperaturas de los veranos que serán cada vez más cálidos o no puedan mitigar las inundaciones de lluvias menos frecuentes pero más intensas. Finalmente, cuando no sea tan fácil encontrar agua para enfrentar un próximo terremoto.

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