08 de julio/ El Mercurio/ Con frecuencia, las ciudades se desarrollan sobre los ecosistemas, lo que ha provocado la pérdida bosques y humedales. Por esta razón, los investigadores advierten sobre la necesidad de avanzar en procesos de urbanización que no entren en conflicto con el entorno natural.
La expansión de las ciudades en Chile muchas veces se desarrolla sobre ecosistemas como bosques, humedales, riberas y cerros, transformando el entorno, generando consecuencias para la salud y alterando el medio ambiente. Esta forma de crecimiento urbano dificulta la transición hacia ciudades más resilientes.
En ese contexto, la investigadora principal de CEDEUS Carolina Rojas conversó con El Mercurio para plantear que “sectores como Peñalolén, Puente Alto, Colina y Chicureo perdieron mucho bosque espinoso debido a la urbanización. También mucha vegetación ribereña por erosión y extracción de áridos, y en el resto del país mucho bosque nativo, matorrales y humedales, que por lo general se secan y luego se rellenan para la construcción”.
Por eso Rojas plantea que el desarrollo y la naturaleza no deberían estar en conflicto, más bien se debería reconocer que los ecosistemas son servicios vitales para las urbes. Se trata de “espacios naturales o seminaturales interconectados en una red. Incluye no sólo parques, sino también ríos, humedales, cerros y arbolado urbano”.
La idea es avanzar hacia la reutilización de suelos subutilizados, participación ciudadana, enfoque ecosistémico y conexión con áreas verdes existentes. “En ciudades como Iquique, con clima árido, se puede usar paisajismo xerofítico, especies adaptadas y sistemas de captación de aguas grises o desalación a pequeña escala”, señala el también investigador de CEDEUS, Ricardo Truffello.







