COPIAPÓ: ¿La contaminación afecta a todas las personas por igual?

Niños jugando en un relave de Copiapó

11 de marzo de 2019/ En Copiapó existen 155 relaves y 22 de ellos sin controlar. La mayoría están en la zona urbana y periurbana. Pablo Moya de  CEDEUS, indagó en su tesis de magister en la relación entre la exposición a contaminantes y el estrato socioeconómico de las personas. Para ello, midió la composición de los diferentes suelos y polvos de calle de la ciudad y luego identificó quienes residen en las zonas de mayores concentraciones

La capital de la Región de Atacama es el epicentro de una zona minera que viene siendo explotada desde la época colonial. Al tiempo que esta industria es el motor de la economía, la ciudad convive con sus impactos, entre ellos los relaves: restos de aditivos utilizados para el procesamiento del mineral mezclados con polvo y metales potencialmente tóxicos para la salud.

Los resultados de la investigación, que contó con el apoyo del equipo de geoquímica de CEDEUS,   indican que la población más vulnerable está más expuesta a contaminantes, ya que vive en las cercanías de los relaves, que en su mayoría no están controlados adecuadamente; “no tienen muros y son constantemente erosionados por el viento dispersando sus contaminantes”, detalla Pablo Moya.

La lluvia, los aluviones y el viento propagan los contaminantes de los relaves en sus sectores aledaños. Uno de los metales al que se exponen quienes pertenecen a los estratos socioeconómicos C2, C3 y D es el mercurio, que produce alteraciones en el sistema nervioso central y periférico. Las personas del estrato socioeconómico E están más expuestas a cobre, que en exceso afecta al sistema intestinal, al hígado y destruye células sanguíneas.

La desregulación del comercio de suelos influye en que los suelos periféricos de la ciudad sean los de menor valor, por lo que quienes tienen menos recursos deben optar por estas zonas. Además, el Estado entrega viviendas sociales en estas mismas zonas porque es donde pueden comprar los terrenos. Por eso, señala Pablo Moya, “para el futuro es importante que la planificación territorial no permita la instalación de zonas residenciales sobre ex zonas de relaves a menos que exista la remediación ambiental adecuada”.

¿Qué otras medidas podrían tomarse?  Lo más básico es cerrar adecuadamente los relaves abandonados y “que se pueden exigir planes de compensación durante la Evaluación de Impacto Ambiental de nuevos proyectos mineros para que se enfoquen en reprocesar o retirar relaves abandonados, en vez de hacer actividades culturales o parques como normalmente hacen las empresas mineras”, destaca Moya.

Esta problemática no está solo en Copiapó, sino que es propia de pueblos y ciudades nortinas como Tierra Amarilla, Andacollo, Illapel, Calama y Salamanca, entre otras. Actualmente la Ley 20.551 «Regula el Cierre de Faenas e Instalaciones Mineras» exige a las empresas mineras que al momento de finalizar sus explotaciones deben proporcionar estabilización y control de los desechos mineros. El problema es que muchos de los relaves en Chile no se encuentran regidos por esta ley ya que son previos a su publicación en 2012.