Ventanas mirando al norte: El derecho a la calidad habitacional en tiempos de pandemia

Diario El Sur / 28 de Junio 2020 / El hogar es un espacio importante en el proceso de confinamiento por la crisis sanitaria que enfrenta nuestro país. Este lugar de resguardo, requiere de ciertas características para ser un espacio de protección para las familias de Chile. Pero, ¿cómo es la calidad de las viviendas sociales actualmente? ¿Cuentan con confort térmico y las condiciones mínimas de aislamiento? Estas interrogantes son parte de la columna de Isabel Rivera, docente de la Facultad de Arquitectura UdeC e investigadora de CEDEUS.

Desde que se desencadenó la pandemia por Covid-19 en nuestro país, nos hemos resguardado en nuestros hogares, para ejercer el distanciamiento social y así disminuir la transmisión del virus. Nuestros hogares, normalmente lugares de descanso y de encuentro familiar, ahora también se han reconvertido y adaptado en oficinas u otros lugares de trabajo, salas de clases, espacios para actividad física, oración, espacios de atención de enfermos y zonas de descontaminación de productos que traemos del exterior.

Estamos 24/7 al interior de nuestras edificaciones y probablemente con menos de 1 a 2 horas de radiación solar directa, lo cual también ha disminuido la generación de vitamina D en nuestro cuerpo. En esta introspección, para los que hemos podido generar pausas durante esta extenuante rutina, y meditar sobre esta situación que estamos viviendo, nos sentimos afortunados de tener un espacio donde nos sentimos seguros. ¿Pero es nuestro hogar realmente seguro? ¿Pueden las características físicas de nuestra vivienda, como la calidad de la construcción, condiciones ambientales internas (buena temperatura, humedad, calidad del aire, ventilación, iluminación y aislación acústica), resguardarme de la transmisión de este virus? La respuesta puede que sea no, en particular ahora que estamos comenzando el invierno. Los registros históricos de la contaminación atmosférica en las urbes al centro y sur del país cada año registran máximos, Concepción el 2015 fue declarado zona saturad, producto de la combustión a leña para calefacción y las enfermedades respiratorias que aumentan en niños y adultos mayores. Chile conserva la tasa de mortalidad por enfermedades respiratorias por sobre la mayoría de los países de la OCDE: 1 de cada 10 pacientes fallecen por estas causas.

Actualmente en Concepción entró en vigencia el Plan de Descontaminación Atmosférica, donde las terminologías de pre-emergencia y emergencia serán habituales. ¿Pero qué ocurrirá este invierno? Ahora que estamos más tiempo al interior de nuestras viviendas y que la demanda energética sin duda es mayor, dada la gran carga de actividades que estamos desarrollando en nuestros hogares, ¿será factible poder reducir los niveles de contaminación atmosférica durante esta crisis sanitaria?

Lamentablemente muchas de nuestras casas tienen vista al muro del vecino, una pandereta o un muro gris, similares al cielo que nos acostumbramos a ver en el invierno. A pesar de tener un magnífico contexto natural, de lagunas, humedales, cerros, ríos, bahías y costas, poco y nada nos vinculamos a nuestro entorno natural producto de la pobre planificación de nuestras ciudades y barrios, al que solo algunos privilegiados tienen acceso.

Pocas posibilidades tenemos de aprovechar las horas de sol al interior de nuestros hogares, ya que la mayoría de nuestras ventanas no están orientadas al norte, sino que al oriente o poniente, o incluso al sur. Ventilar el aire interior se torna toda una odisea. Para muchos implica solo unos minutos de abrir las ventanas durante la mañana para evitar que se enfríe nuevamente nuestro hogar por las bajas temperaturas del exterior, el ruido acústico interfiere en nuestras horas de clases o teletrabajo, o peor aún, nuestro hogar sea impregnado por el olor a leña quemada. Como estamos gran parte del día sin mucha actividad física, sentados frente a un computador, nuestra capacidad de generar energía ha disminuido significativamente y nuestro confort térmico ha disminuido exponencialmente, sintiéndonos con mucho más frio que en inviernos anteriores, dándonos cuenta por primera vez de: “pucha que es helada nuestra casa, vamos a incrementar la calefacción”.

Sin embargo, para muchas familias esta realidad es incluso peor, donde el porcentaje de hacinamiento es muy elevado. Según datos del censo 2017, del total de viviendas a nivel nacional el 7% presenta índices de hacinamiento. Hemos visto en los medios durante esta crisis que tres a cuatro personas duermen en una misma habitación de no más de nueve metros cuadrados, en un hogar que solo cuenta con un baño para una familia de cinco a seis personas. ¿Cómo se puede vivir una cuarentena en 40 metros cuadrados? ¿Cómo podemos reducir la transmisión del Covid-19 en una familia que no puede mantenerse aislada sin contagiar al resto del grupo familiar? Es hora de repensar en general las políticas públicas de la calidad de nuestras viviendas en Chile, y en cómo arquitectas/os e investigadores podemos cumplir un rol fundamental, de no hacer oídos sordos en solo pensar como maximizamos el uso de suelo, sino poniendo a las personas, sus vivencias, experiencias y dignidad en el centro de la ecuación. Y no solo para las personas de niveles socioeconómicos bajos, sino también medios. Que permitan y garanticen el derecho a la calidad de vida, salud y bienestar, no solo para los privilegiados sino para toda la sociedad.

Fuente: Diario El Sur.