Por Claudia Castillo Haeger / Investigadora Postdoctoral Cluster Entorno Construido CEDEUS
Fotografía: Santiago de Chile, Mario Del Castillo, 2010.
La ciudad sostenible no será la reunión de edificios con técnicas activas de acondicionamiento o con un diseño energético inteligente; la ubicación geográfica, la escala urbana y el espacio público particular a cada lugar, implican distintas interacciones que es necesario abordar con la perspectiva sistémica del desarrollo urbano sostenible.
A escala urbana, la ciudad ha creado sus propias condiciones intrínsecas ambientales, lumínicas, de paisaje y biodiversidad, geomorfológicas, etc., unas veces asociadas a su territorio natural y otras veces marcando una clara diferenciación con el mismo. Un urbanismo más sostenible se refiere a encontrar el equilibrio en la ciudad, pensando que su desarrollo urbano no implica un crecimiento desmedido o con innovadoras tecnologías o dispositivos, sino que debe considerar y aprovechar creativamente la situación urbano social y bioclimatológica específica que les brinda su emplazamiento particular e historia singular.
Es evidente que la ciudad bioclimática no es la suma de unas arquitecturas bioclimáticas: con la escala urbana aparecen otras interacciones y consideraciones. Se trata de planificar considerando el territorio, el clima y el paisaje como ejes fundamentales en la toma de decisiones de crecimiento y desarrollo: un trazado viario con criterios de sol, viento y humedad, una distribución sinérgica de los usos del suelo, una selección bioclimática de tipologías edificatorias y materiales, el establecimiento de densidades mixtas e inclusivas, la relación cercana entre equipamientos y viviendas, el fomento de las energías limpias y renovables en escala micro urbana y arquitectónica, una red de áreas verdes integradas, etc…
La sostenibilidad de las ciudades pasa necesariamente por la rehabilitación de las áreas centrales; en las zonas urbanas más densas hay muy poca ventilación natural y en los espacios urbanos centrales existe una alta contaminación atmosférica. Además, el centro urbano tiene una influencia directa sobre el recalentamiento del espacio público y la aparición de la isla térmica de calor.
En esta dirección, la localización y trazado bioclimático de los espacios públicos resulta importante para optimizar, entre otras: las soluciones del diseño urbano adoptado; la vegetación introducida; la densidad, morfología y tipología arquitectónica; el diseño vial relacionado a fuentes de energía más adecuadas; y las características del espacio público y su interacción con las áreas verdes.
Así, se revela urgente mejorar el conocimiento bioclimático urbano específico, desarrollar soluciones, buenas prácticas o patrones pasibles de ser replicados y/o generalizados, capaces de implementación legal o de una difusión significativa. El proyecto bioclimático para los espacios abiertos y públicos puede ser también un ejemplo de continuidad cultural e identitaria, con enfoques tradicionales de acondicionamiento y biodiversidad, especialmente en refrigeración y calefacción, con un uso inteligente e integrado de las tecnologías pasivas y activas. En consecuencia, una ciudad inteligente no pasa necesariamente por atiborrarse de sistemas y dispositivos tecnológicos de última generación, sino por planificar, detenidamente, la optimización bioclimática y biodiversa de su diseño urbano.





