Paz Arroyo/La urgencia de un plan maestro para la descontaminación

contaminacion-atmosfericaPor Paz Arroyo / Investigadora del cluster Recursos Críticos

Chile, como el resto del mundo, debería estar implementando un plan drástico de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y de descontaminación ambiental. Hace poco tuvimos la visita de Jeffrey Sachs, director del Earth Institute de la Universidad de Columbia, quien fue muy enfático en que necesitamos que los líderes mundiales se hagan cargo de una vez por todas de la crisis medio ambiental que hemos generado en los últimos dos siglos, haciendo referencia principalmente a la cumbre de la Conferencia de las Partes (COP) 21 de París 2015.

Por otra parte, el Papa Francisco se ha manifestado –a través de su encíclica Laudato Si– sobre el cuidado de la casa común, en la que es muy claro en alertar a la ciudadanía (católico o no) de que ya no podemos seguir siendo indiferentes a los daños medio ambientales y a los impactos que sufren especialmente los más pobres (como la escasez de agua, cambio climático, etc.), quienes han contribuido menos al problema.

Como sociedad debemos cambiar nuestro status quo y lograr un desarrollo sostenible. Si el mundo sigue la trayectoria de crecimiento y emisiones de GEI actuales, se generarían alrededor de 20 gigatoneladas de Carbono (GtC) por año hacia el 2100, más que duplicando las emisiones actuales de aproximadamente 9 GtC anuales. A este paso, se espera la ocurrencia de cambios climáticos irreversibles, lo que provocará sequías, inundaciones por el aumento del nivel del mar y extinción de especies que no serían capaces de adaptarse, entre otros.

Chile tiene mucho que perder, ya que posee zonas costeras bajas, ecosistemas de montaña, territorios áridos y semiáridos expuestos a la sequía y a la desertificación, porciones geográficas proclives al deterioro forestal, áreas propensas a desastres naturales, áreas urbanas altamente contaminadas y ecosistemas frágiles.

Actualmente, 97% de las publicaciones científicas concuerdan en que el cambio climático está pasando y es causado por los humanos. Esto se explica porque los GEI como el CO2 y el metano atrapan el calor en la tierra. La principal fuente de GEI es la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y sus derivados, y gas natural) debido a las crecientes actividades del hombre, las que superan la capacidad de la tierra para reducir GEI por mecanismos naturales (fotosíntesis y absorción por el océano) y provocando el calentamiento global.

Las concentraciones preindustriales eran de 280 ppm (partes por millón) de CO2 (equivalentes). Según el IPCC, al pasar los 450 ppm de CO2 se entraría a un punto sin retorno, en que el calentamiento global no se detendría aunque paráramos de emitir. Lamentablemente, ya pasamos la barrera de los 400 ppm de CO2 en la atmósfera. Si seguimos al mismo paso, nuestra generación verá efectos drásticos del cambio climático. De hecho, ya estamos sufriendo sequías dramáticas en Chile y en otras partes del mundo.

Para no pasar los 450ppm de CO2 debemos reducir las emisiones mundiales de 9 GtC por año a 3 GtC por año para el 2100. Un gran desafío, considerando el aumento en la población mundial y el desarrollo económico esperado. Si se estima que en 2070 la población mundial llegaría a 9 billones, la cuota máxima a emitir por persona es 1 kg de carbono (kgC) al día (equivale aproximadamente a recorrer 30 km en un Toyota Yaris o 60 km en micro). Hoy en Chile emitimos alrededor de 3,5 kgC por persona al día, entonces la meta de Chile debe ser reducir en alrededor de un 70% las emisiones por persona actuales al año 2100. Eso significa cambiar la matriz energética por energías renovables como la solar y eólica y mejorar el transporte público. También significa mejorar los estándares térmicos de las viviendas y edificios, que tienen un impacto no menor en las emisiones de GEI. De paso, estas acciones también mejorarían la calidad del aire local, ya que disminuirían el MP 2,5 que en lo que va del año en Santiago ha causado 11 premergencias (hasta el 03 de Julio) y 1 emergencia ambiental (la primera desde 1999), debido principalmente a la quema de leña, que también se relaciona con la reglamentación asociada a la eficiencia térmica de las viviendas y los sistemas de calefacción permitidos. Estos problemas son aún más evidentes en el sur de Chile (Talca, Chillán, Temuco, Coyhaique).

Como país debemos comprometernos y atacar el problema por muchos frentes, tales como:

(1) Impulsar cambios tecnológicos que permitan facilitar la generación de energía de manera sustentable (eólica, solar, mini hidráulica, etc.). Chile no tiene aún la pesada infraestructura de países desarrollados a los que les podría costar más cambiar sus sistemas energéticos. ¿Qué esperamos para dar los incentivos necesarios?

(2) Fomentar la eficiencia energética, es decir, usar menos energía para lograr los mismos productos y servicios. Esto debería ser aplicado desde la industria de la minería a través de la mejora de procesos hasta el mejoramiento del rendimiento energético de nuestros hogares, edificios y vehículos.

(3) Promover una ética de conservación: la responsabilidad ciudadana de no consumir bienes innecesarios o, como dice Donella Meadows, autora de Los límites del crecimiento: “Nunca vas a tener suficiente de lo que realmente no necesitas”. Esto también está muy en línea con Laudato si, que critica el consumismo desmedido.

Finalmente, lo que nos falta como país es un plan maestro, que fije metas de reducciones de emisiones de GEI del orden de 70% al 2100 y no metas asociadas a las emisiones por unidad de PIB, que lo único que hacen es decir: “Voy a emitir más si crezco más”. Lamentablemente, la atmósfera no entiende de indicadores económicos, solo reacciona químicamente ante el aumento de GEI, los que deben ser reducidos. Somos nosotros los que tendremos que adaptarnos y desacoplar el progreso de la sociedad de las emisiones y contaminación generada.