Temperaturas extremas: árboles pueden reducir hasta en 10 grados el calor en las ciudades

1 de febrero/ País Circular/ Casi 40º C se han registrado en algunas localidades de la zona central del país que se han visto afectadas por la ola de calor, lo que plantea el desafío de repensar las ciudades para que sean un refugio para sus habitantes en estas circunstancias. Para esto, es indispensable la planificación con árboles que, gracias a “la sombra que proyectan y la humedad que expulsan”, disminuyen considerablemente la temperatura, señala el director del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS), Waldo Bustamante.

La ola de calor extrema que ha afectado esta semana a la zona central de Chile, entre las regiones de Coquimbo y Ñuble, ha motivado a que las personas que viven en ciudades busquen diferentes formas para capear las altas temperaturas. A nivel formal, Aguas Andinas, junto a 18 municipios de la Región Metropolitana, habilitaron 45 plazas de agua para que los niños puedan refrescarse. Además, la medida responde a la necesidad de manejar responsablemente el consumo hídrico, evitando la apertura de grifos.

Sin embargo, a pesar de ser acciones que pueden ayudar en el corto plazo, la crisis climática -con el aumento de temperaturas y reducción de precipitaciones- obliga a buscar nuevas formas de planificación que eviten que las ciudades se conviertan en islas de calor. En ese aspecto, de acuerdo a especialistas que conversaron con País Circular, es necesario comenzar a reforestar las ciudades, ya que un conjunto de árboles puede ayudar a reducir la temperatura entre 5º C y 10º C.

Islas de calor

En zonas urbanas, las ciudades que están más hacia el sur se encuentran mejor equipadas respecto a árboles, de acuerdo a Alejandra Vargas, académica de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales (FASN) de la Universidad Católica, y directora del Diplomado en Manejo de Áreas Verdes Urbanas.

De acuerdo a la docente, las urbes sureñas tienen más ventaja respecto a presencia arbórea, ya que muchas áreas naturales quedaron incorporadas en la ciudad. Sin embargo, “una estrategia de áreas verdes, lo que en el fondo se llama infraestructura verde, muy pocas ciudades las tienen. Tenemos un déficit tremendo, porque nuestra forma de habitar el territorio ha sido barrer con la vegetación, construir y después tratar de integrarla”, detalla.

Waldo Bustamante, director del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable, explica que las ciudades se convierten en islas de calor porque todas las actividades que desarrollamos en ellas, que implican generación de energía, sumadas al efecto del sol en materiales como cemento, hormigón y cristal, provocan calor.

“Las ciudades en zonas urbanas tienen una mayor temperatura a las que hay en zonas rurales contiguas, y eso se llama efecto isla de calor. Esto se ha estudiado muchísimo, desde hace décadas, pero ahora se agregan las olas de calor, y para mitigarlas la vegetación es fundamental”, agrega Bustamante.

Disminución de temperatura

Recientemente, usuarios de redes sociales se mostraron indignados por el “paisaje” que quedó al descubierto luego de la reapertura del acceso principal a la Estación Baquedano del Metro de Santiago. La mayoría de las críticas apuntaban al uso excesivo de concreto y la falta de árboles, ya que en días de temperaturas extremas sería un suplicio transitar por la zona.

El director de CEDEUS estima que “la explanada como la que se hizo en Plaza Baquedano, en un clima como el nuestro, es una aberración desde el punto de vista del bienestar para las personas en la ciudad. Existe una serie de estudios que demuestran que los árboles no solo absorben contaminación y material particulado, sino que la sombra que proyectan y la humedad que expulsan al ambiente pueden hacen disminuir la temperatura del aire hasta en 10º C”.

Alejandra Vargas acota que debajo de los árboles, a un metro y medio del suelo, la temperatura baja en 5º C. “Si estás bajo la copa de los árboles y estamos hablando de un día en que hay 35º C, cinco grados menos es bien razonable. Cuando utilizas árboles, la reducción de temperatura es real y, además, es expansiva, tiene un efecto en el entorno, en los alrededores. No solamente bajan la temperatura debajo, sino que también produce un frescor”, detalla.

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Fuente: País Circular