‘El consumo nos consume’: Identificando responsabilidades urbanas en el desarrollo sustentable

Jonathan- BartonPor Jonathan Barton / Director del CEDEUS e investigador principal del cluster Planificación Integrada

El gran cambio asociado a que la mayoría de la población mundial se ha convertido en urbana está en los patrones de consumo. El perfil de consumo urbano difiere con el rural, en términos de bienes durables, de alimentos y de servicios. Si consideramos los grandes desafíos socio-ambientales mundiales, de cambio climático, gestión del agua, aire y suelos, acceso de necesidades básicas y vivienda digna, entre otros, podemos reducir la preocupación a nuestros patrones de consumo. Parafraseando a Tomás Moulian apuntando a los desafíos globales: “el consumo nos consume”. Desde ahí, podemos plantear la pregunta respecto de la sustentabilidad urbana: ¿El desarrollo urbano sustentable no es más que un replanteamiento de nuestros patrones de consumo?

La ONU cree que es así y esa es la razón de ser de su programa de diez años enfocado en ‘Producción y Consumo Sustentable’ (SCP, 10YFP – 2012-2022), dirigido por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Éste implica revisar los ciclos de vida de nuestros productos y servicios, seleccionar entre productos según su huella socio-ambiental y minimizar nuestras huellas a través de nuestras elecciones de consumo. Además, incluye iniciativas sobre: suministro/adquisiciones público verde, turismo sustentable, construcción y edificios sustentables, información para el consumidor, programa de modos de vida y educación sustentables, sistemas de alimentos sustentables.

Este enfoque genera dos orientaciones potentes. La primera es que debemos cuestionar condiciones de alto consumo –y no de pobreza– como motor de los problemas de la ‘sustentabilidad débil’. La segunda, que debemos plantear metas desafiantes para desacoplar patrones de consumo ‘modernos’ de su mochila socio-ecológica, pensando no solamente en ‘la naturaleza incorporada’ en estos productos (desde materia prima hasta emisiones y uso de agua) sino que también en la carga social de su producción (por ejemplo, lugares de trabajo con condiciones laborales inaceptables o explotación infantil).

La modernidad del siglo XX nos llevó a consumir productos cada vez más baratos debido a la minimización de costos reflejados en el precio. Pero esto significó ciertas externalidades, reflejadas en malas condiciones laborales e impactos ambientales severos. Los causantes: los consumidores, principalmente urbanos, integrados en redes de producción y consumo globalizadas. Como consecuencia, atacar los desafíos socio-ambientales del siglo XXI implica revisar nuestros patrones de consumo, en particular entre los grupos socio-económicos de mayores ingresos, para examinar las responsabilidades para el desarrollo sustentable a distintas escalas, desde lo local hasta el global: los que deben hacerse cargo no son las multinacionales ni los gobiernos, sino ‘la demanda’, los consumidores y los urbanos, en particular. Sabiendo que uno tiene responsabilidad con el desarrollo sustentable se plantea, a la vez, un reto y un empoderamiento.

El desarrollo sustentable del siglo XXI difiere con sus orígenes en la década de 1970  y 1980 de una forma notable: el objetivo no debe ser la pobreza y los pobres, sino la riqueza y el alto consumo. Es allí donde podemos empezar a desacoplar el PIB y los impactos socio-ambientales del consumo, y reducir las brechas socio-ambientales que existen en forma inter e intra-generacional. Las ciudades han concentrado dos responsabilidades: la generación del problema y la capacidad de resolverlo. Ipso facto: El futuro del planeta es urbano y viceversa.