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Francisco de la Barrera/Pájaros de fuego sobre el territorio habitado

Gonzalo Medina Gonzalo Medina 4 min lectura
Francisco de la Barrera/Pájaros de fuego sobre el territorio habitado

Diario El Sur/  1 de Marzo del 2020 / Columna de Opinión de Francisco de la Barrera, ecólogo e investigador de CEDEUS, acerca de la necesidad de planificación territorial, y de mayor de inversión en prevención para incendios forestales en Chile.

Este verano hemos sido testigos, una vez más, de incendios forestales que ponen en riesgo viviendas. Al momento de escribir esta columna, existen 9 incendios relevantes activos en el país, destacando los incendios de Agua Fría (Molina) y Los Encinos (Hualqui) con 3.100 y 2.150 hectáreas quemadas, de acuerdo a CONAF. Los incendios que ocurren en el borde de las ciudades son claramente más atendidos por los medios de comunicación, como por ejemplo el activo incendio de Coihueco II (Penco) que lleva 44 hectáreas quemadas. En estos últimos es ampliamente informado el accionar de brigadistas de CONAF y de empresas forestales, de la desesperación de la gente preocupada por perder sus viviendas y de un conjunto de ciudadanos y ciudadanas que colaboran de diferentes maneras a combatir los incendios.Tal como el caso del incendio de Penco, la mayoría de este tipo de incendios afectan menos de 200 hectáreas, pero son objeto de una gran cobertura mediática. La experiencia de vivir en ciudades nos ha desconectado del territorio rural que sufre con la pérdida de amplias superficies quemadas, representando no solo impactos sobre el patrimonio forestal, sino también de biodiversidad, de la economía agraria y afectando incluso a las ciudades, que respiran aire contaminado que puede causar enfermedades e incluso muertes, sin ser esto una exageración.Las autoridades de gobierno han intensificado una agenda que busca prevenir la ocurrencia intencional o accidental de incendios y así disminuir el número de incendios, crear franjas de seguridad en las viviendas que crecen en la interface forestal-urbana, es decir donde las plantaciones forestales y los cada vez más escasos bosques nativos, colindan con viviendas, para evitar que el fuego las alcance. El accionar de este año destaca por una mayor cantidad de helicópteros y aeronaves, cuyos nombres ya comienzan a ser familiares y reconocibles, y una mayor cantidad de kilómetros de cortafuegos.Los incendios de interface son y seguirán siendo percibidos como los más peligrosos por razones evidentes, pero si algo mostró el incendio que ocurrió en Chiguayante y que afectó más de 1.000 hectáreas, es que existe un enorme peligro al disponer de altas continuidades de áreas forestadas que limitan con áreas urbanas y de alto valor ecológico, como lo fue en ese caso la Reserva Nacional Nonguén. Si algo muestra también el incendio de Molina, como un sutil recordatorio es que los cortafuegos son insuficientes cuando existen extensas continuidades de material combustible, como pueden ser las plantaciones forestales adultas y densas inhabitadas.Los grandes incendios del 2017 nos recuerdan que los incendios se pueden volver veloces e incontrolables, con las pavesas (ramas encendidas que vuelan por el aire) pueden alcanzar más de 1 km y la imposibilidad de combatir desde cortafuegos menores a 200m. Juntos observamos, parafraseando a Los Tres, “que en un instante todo se vuelve realidad, los pájaros de fuego se vuelven contra mí, nos secan y se encienden, negándome a seguir” dejando incendios de más de 5 mil, 20 mil e incluso 80 mil hectáreas.Es hora de no seguir negando la planificación territorial a gran escala, con programas audaces para recuperar la agricultura que facilita el combate de incendios. Es hora de iniciar la ejecución de los ya diseñados planes para restaurar ecosistemas nativos que representan bosques de agua para la agricultura y la población rural, que manteniendo humedad se queman más lento y facilitan las labores de combate. Planificar y ejecutar hoy el territorio a escala regional, nos evitará terminar llorando por un siglo. Los paisajes sustentables y resilientes los debemos planificar hoy, para beneficio a largo plazo tanto del territorio rural, como también urbano.Fuente: Diario El Sur.Imagen fuente: CONAF.
Gonzalo Medina

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