El invierno de 2026 presentó una de las mejores condiciones de calidad del aire de los últimos años en la Región Metropolitana. Hasta el 31 de agosto se registraron 282 horas en episodios críticos por MP2,5, un 69% menos que hace una década. Además, se contabilizaron 60 días en categoría “bueno” para este contaminante, la cifra más alta de la serie registrada entre 2015 y 2026.
En conversación con La Tercera, el investigador adjunto de CEDEUS Héctor Jorquera, quien estudia la calidad del aire en las ciudades, explicó que la respuesta no puede atribuirse a un único factor. Sin embargo, destacó el rol que tienen los sistemas frontales y, particularmente, los vientos que acompañan a estos fenómenos.
El rol del viento en la ventilación de Santiago
De acuerdo con el investigador, uno de los principales mecanismos mediante los cuales los sistemas frontales contribuyen a mejorar la calidad del aire en Santiago no está necesariamente asociado a la lluvia, sino a los fuertes vientos que acompañan estos eventos meteorológicos. En ese sentido, los flujos de aire permiten remover los contaminantes que se acumulan en la cuenca de Santiago durante los períodos de estabilidad atmosférica, cuando las condiciones dificultan la dispersión y favorecen que los contaminantes permanezcan concentrados.
"La lluvia también ayuda", indica el investigador, pero advierte que si bien las precipitaciones pueden contribuir a disminuir la concentración de material particulado, su efecto de “lavado” no sería necesariamente el factor más determinante en la mejora de las condiciones de calidad del aire. A esto se suma que la humedad de las calles puede disminuir la cantidad de polvo que los vehículos vuelven a levantar. Sin embargo, en el caso de Santiago, las condiciones de ventilación asociadas a los sistemas frontales tienen un papel particularmente relevante.
El efecto "rebote" en la calidad del aire
Jorquera también identifica otros cambios que pueden contribuir a mejorar la calidad del aire de Santiago, entre ellos, el aumento de la flota de buses eléctricos en el transporte público. Sin embargo, advierte que estos avances conviven con factores que pueden contrarrestar parte de sus efectos, como el crecimiento del parque automotriz y, particularmente, la congestión vehicular.
En este contexto, el investigador plantea que la evolución de la calidad del aire en la región no depende únicamente de las políticas de descontaminación, sino también de las condiciones meteorológicas que presenta la cuenca año a año. Pero advierte que en temporadas con una menor frecuencia de sistemas que favorezcan la ventilación de Santiago, durante los próximos años podría generar un “rebote” en los niveles de contaminación. Esto no significa que la reducción observada durante 2026 sea exclusivamente consecuencia de las condiciones meteorológicas, sino que parte de los resultados puede estar asociada a un escenario atmosférico favorable que no necesariamente se repetirá con la misma intensidad.
Fuente: La Tercera





