La paradoja de las bombas lacrimógenas: Prohibidas en la guerra, aceptadas en la “paz”

11 de noviembre de 2019/ Columna elaborada por la investigadora CEDEUS y Presidenta de la Sociedad Chilena de Epidemiología, Sandra Cortés, junto a Samanta Anríquez, médica, especialista en salud pública y epidemióloga.

En las guerras, las bombas lacrimógenas están prohibidas. Sí, tal cual: prohibidas. Desde el año 1997, su uso como arma de guerra fue prohibido en la Convención de Armas Químicas. Sin embargo, los gases lacrimógenos, denominados “Armas Químicas No Letales” no fueron vetadas para dispersar civiles en una protesta. Primero, porque parecen ser inofensivas dada su denominación de “No Letales” y, segundo, porque es un método rápido y efectivo para dispersar masas. Pero ¿son tan inofensivas? ¿Qué sucede cuando tienen un uso indiscriminado, repetitivo y por varias semanas? ¿Qué sucede cuando residentes aledaños a los lugares de protesta se ven expuestos de forma prolongada a ellas? ¿Qué les podría suceder a los manifestantes o, a los propios carabineros?

Las lacrimógenas están compuestas de químicos que alteran de forma aguda algunos tejidos como la mucosa nasal, la conjuntiva de los ojos, parte de la mucosa oral (faringe y laringe), mucosa respiratoria y el órgano más extenso del cuerpo, la piel. Los compuestos más comunes son: Chloroacetophenone (CN), Chlorobenzylidene malononitrile (CS) y Oleoresin capsicum (OC). En Chile, están compuestas de CS. Sin embargo, pueden estar mezclados con números químicos que desconocemos como alcoholes, solventes orgánicos, hidrocarburos halogenados, freón, entre otros. El uso de alguno de estos solventes podría producir incluso, una mayor penetración en la piel, excediendo los efectos agudos que conocemos. Los niveles de CS para desencadenar síntomas, efectos tóxicos y letales, no están bien definidos como se podría pensar, dado su uso habitual. Y aunque en Chile, se utilice una dosis menor a 0,4 mg por metro cúbico (lo permitido por normativas internacionales), no se sabe con certeza cuál es la concentración que alcanza el CS, cuando se lanza, una tras otra bomba, como hemos visto estos días. Cabe preguntarse, ¿es ético utilizar gases cuyos efectos nocivos no están completamente dilucidados? ¿Es ético utilizar químicos tóxicos que afecten a toda la población para dispersar un grupo minoritario?

Varios estudios sobre el uso de estos gases han mostrado una asociación con efectos adversos que van desde síntomas leves como picazón o ardor en los ojos y mucosa nasal; moderados, como quemaduras de 1er grado, lesiones oculares leves, edema faríngeo, vómitos y síntomas respiratorios persistentes, que pueden llegar a requerir atención médica y, efectos graves como laceraciones que requieren suturas, quemaduras de 2do o 3er grado si se utilizan en grandes cantidades, lesiones oculares graves (hemorragia vítrea, neuropatía óptica), enfermedad cardiopulmonar, cuadros respiratorios agudos severos y en algunos casos, aunque menos frecuentes, paro cardiorrespiratorio y muerte. Además, cuando son lanzadas como proyectiles, pueden causar traumatismo encefalocraneano (TEC), o cualquier trauma. Existen reportes de amputaciones de extremidades, debido a lesiones vasculares severas cuando personas han sido golpeadas por estas granadas de gas.

En una revisión sistemática reciente que incluyó 31 artículos, se observó que, de 5910 personas que consultaron por síntomas asociados a la exposición a lacrimógenas, el 87% sufrió lesiones desde leves a severas. El 1.6% de ese número, quedó con discapacidad permanente y dos personas murieron, una por TEC y la otra, debido a paro cardiorrespiratorio luego de que un proyectil de CS (similar al que se usa en Chile) entrara a su casa. El estudio mencionado tiene la limitación de que sólo se incluyen casos reportados y estudiados, existiendo una posible subestimación ya que no todos consultan.

Por otro lado, algunos estudios han mostrado que todos estos gases y, especialmente el CS, utilizan una vía común de acción, un receptor celular (una especie de puerta de entrada a la célula), llamado LRCT1, cuya estimulación está vinculada a condiciones crónicas respiratorias como enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), asma, daño neurológico periférico, debido a que produce un ambiente de inflamación crónica en el cuerpo. Sin embargo, aún no se estudia el efecto a nivel poblacional de la estimulación de CS sobre LRCT1.

Otros estudios reportan casos graves, relacionados a muertes en ambientes cerrados o con mala ventilación, tiempo de exposiciones prolongados o dosis altas, producto del uso repetitivo de los gases. También existen grupos de individuos en quienes las lacrimógenas producen efectos más graves, como es el caso de enfermos respiratorios crónicas, adultos mayores y niños con condiciones respiratorias previas (asma, EPOC). También se han reportado casos de toxicidad grave cuando existe exposición en ambientes de altas temperaturas. En la actualidad, se realizan estudios sobre la descomposición de estos gases en otros agentes incluso más tóxicos (cianuro y ácido clorhídrico, entre otros) producto del vencimiento de estas “granadas de gas”.

Se ha descrito que una persona expuesta, puede presentar síntomas solapados como náuseas, vómitos, dolor de cabeza (cefalea), hasta 3 semanas después. Estas personas no consultarían en servicios de salud, pues suelen ser molestias inespecíficas.

Cabe plantearse muchas interrogantes al observar los acontecimientos ocurridos después del 18 de octubre en Chile. En primer lugar, el CS no está en una forma de aerosol, sino en su forma sólida o de partículas de suspendidas, que pueden permanecer en el aire hasta por 5 días. Pensemos en quienes viven en los alrededores de las manifestaciones como Plaza Italia, por ejemplo, que han tenido una exposición no cuantificada a estos gases durante semanas y que creen ventilar sus casas durante el día, sin realizar la descontaminación sugerida en la literatura, cuando existen partículas suspendidas. Luego, en el momento crítico de las marchas, cierran sus ventanas, concentrando dichas partículas. No sabemos cómo se están afectando adultos mayores, enfermos crónicos y niños bajo esta exposición permanente. También los manifestantes y carabineros se pueden ver afectados, sometidos probablemente, a condiciones de mayor temperatura corporal y en un ambiente caluroso. La diferencia con los residentes es que, quizás, pueden respirar aire menos tóxico cuando regresan a sus casas.

Existen fotografías en redes sociales que muestran cartuchos caducados en el 2007, si fuera verdad, ¿a qué otros químicos están expuestos quienes habitan estas zonas? Tampoco se han transparentado las mediciones de contaminación del aire en Santiago durante estos días, si es que se han realizado.

En el año 2011, bajo el 1er gobierno de Sebastián Piñera, se alcanzó a prohibir el uso de gases lacrimógenos en las marchas debido a que se habían advertido sobre estudios que el CS podría producir aborto. Sin embargo, la medida duró sólo 3 días. El gobierno levantó dicha prohibición, basado en que se usa una concentración de CS permitida en normativas internaciones y, que los efectos abortivos no estaban bien objetivados. ¿Sólo importan los efectos abortivos?

Todos los estudios concluyen que queda mucho por investigar en cuanto a efectos nocivos de las lacrimógenas utilizadas contra civiles en las protestas. Muchos sugieren su prohibición como medida de dispersión. Otros, sugieren restringir su uso con protocolos estrictos y vetar su uso como proyectil. Entonces, ¿Es ético utilizar agentes tóxicos contra civiles, cuyos efectos a mediano y largo plazo, no están bien estudiados? ¿Es ético utilizarlo de forma prolongada y repetitiva, ignorando si existe población en mayor riesgo? ¿Es contaminar el aire de quienes ejercen su derecho a manifestarse?

Es una medida dañina a la salud de todos, incluso de quienes no están involucrados en las marchas y presenta una exposición pasiva. Por lo tanto, es un problema de salud pública. El derecho a tener el más alto grado de salud posible y un ambiente acorde está consagrado en el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) ratificado por Chile en el año 1972. Pese a que la convención internacional de 1997 no prohíbe el uso de las Armas Químicas no letales, llamadas hoy, “Potencialmente Letales”, los Estados pueden legislar sobre su uso y tienen potestad para prohibirlos, si así lo estimaran.

Cuando aumenta el número de personas en una concentración y se lanzan lacrimógenas, repetitivamente, podría aumentar la probabilidad de que alguien muera, una consecuencia poco frecuente, pero está el Estado dispuesto a permitir la muerte de una persona, pudiendo haberla impedido. Aunque se evite sólo 1 muerte, de entre 1.000 0 10.000 personas, vale la pena evitarla. La protección de la integridad física de las personas es un rol fundamental de un Estado de Derecho. Hablemos de lo ético. No de lo mínimamente legal.

Referencias:

  1. Rothenberg, Craig, Satyanarayana Achanta, Erik R Svendsen, and Sven-Eric Jordt. «Tear Gas: An Epidemiological and Mechanistic Reassessment.» Annals of the New York Academy of Sciences1 (2016): 96-107.
  1. Haar, Rohini J, Vincent Iacopino, Nikhil Ranadive, Sheri D Weiser, and Madhavi Dandu. «Health Impacts of Chemical Irritants Used for Crowd Control: A Systematic Review of the Injuries and Deaths Caused by Tear Gas and Pepper Spray.» BMC Public Health1 (2017): 831.
  1. Karagama, Y G, J R Newton, and C J R Newbegin. «Short-Term and Long-Term Physical Effects of Exposure to CS Spray.» Journal of the Royal Society of Medicine4 (2003): 172-74.
  1. Carron, Pierre-Nicolas, and Bertrand Yersin. «Management of the Effects of Exposure to Tear Gas.» BMJ7710: 1554-1558.
  1. Sivathasan, Niroshan. «Educating on CS or ‘tear Gas’.» Emergency Medicine Journal : EMJ11 (2010): 881-882.
  1. Hout, Joseph, and Hook, Gary L. Identification of the Compounds Formed during the Low Temperature Heat Dispersal of O-chlorobenzylidene Malononitrile (CS Riot Control Agent). ProQuest Dissertations, 2006.
  1. Toprak, Sadik, Gokhan Ersoy, John Hart, and Peter Clevestig. «The Pathology of Lethal Exposure to the Riot Control Agents: Towards a Forensics-based Methodology for Determining Misuse.» Journal of Forensic and Legal Medicine29 (2015): 36-42.
  1. Muñoz León, Fernando. (2016). EL USO DE GASES LACRIMOGENOS EN CHILE: NORMATIVA INTERNACIONAL Y NACIONAL VIGENTE Y JURISPRUDENCIA RECIENTE. Estudios constitucionales14(1), 221-246. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-52002016000100007. 
  1. Decreto N°326 de mayo 1989. Promulga el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, adoptado por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas el 19 de diciembre de 1966, suscrito por Chile el 16 de septiembre de 1969. bcn.cl .
  1. Hu, Howard, and David Christiani. «Reactive Airways Dysfunction after Exposure to Teargas.» The Lancet8808 (1992): 1535.
  1. org. Convención sobre las Armas Químicas. Disponible en: http://bcn.cl/2ac1u (junio, 2019).