Una ciudad “panal” para vivir más allá del Coronavirus

The Clinic/29 de abril 2020/ «Surge la potencialidad de una ciudad con una nueva estructura: como un panal, con células con un alto nivel de autosustentabilidad, con movilidad interna que mantiene el distanciamiento al mismo tiempo que permite actividad física y encuentros – caminar, jugar, pedalear, hasta hablar – vital para la salud física y mental», propone la investigadora de CEDEUS, Lake Sagaris, en esta columna.

Revisando un mapa del coronavirus en Chile, o cualquier lugar del mundo, sería fácil culpar a las ciudades por las aglomeraciones que facilitan su propagación.

Pero dispersar a la gente por todo el paisaje destrozaría las pocas zonas silvestres y agrícolas que nos van quedando, en una época de pérdida masiva, potencialmente fatal, de biodiversidad y cambio climático radical.

La historia nos demuestra claramente que la cercanía, el cariño, la colaboración incluso competitiva nos hacen más fuertes y resilientes frente a un futuro que, como siempre, es muy incierto.

La historia también enseña que las pandemias surgen en momentos de exceso: de consumo, de exclusiones, y de contaminación. Hace un siglo atrás, fruto del pandemia de influenza de la época, países europeos, Canadá y otros construyeron su sistema de pensiones, bienestar y salud pública: así, todos los ahorros del país financian el bienestar a lo largo del ciclo de vida, y los ingresos para la salud entran a un solo sistema, generando subsidios cruzados de beneficio general. No es que cuesta más, sino que se recolecta y se distribuyen los fondos para el beneficio de todos.

¿Fin de la ideología de la automovilidad?

Y ¿qué pasa con estas ciudades nuestras, con sus ghettos verticales, destructores del patrimonio urbano y social, que lucran con el alcohol y la adicción, no limitan el ruido, al mismo tiempo que tratan de acallar a vecinas y vecinos con sus legítimas demandas?

Debemos cambiar la forma de hacer la ciudad. Más que hablar de “densidad”, el desafío es lograr un equilibrio entre habitantes y ecosistemas urbanos.

Partición Modal por comuna
Concentración de la pobreza por comuna
Concentración de automóviles por comuna.MAPAS DE LA INEQUIDAD: Fuente: Sagaris, Tiznado & Steiniger 2017, Balance de Transporte Justo Santiago & Temuco-Padre Las Casas 2020.

La clave es eliminar el auto como sistema prioritario. La “automovilidad” es la ideología del automóvil como un bien supremo, absoluto, “esencial”. Es la excusa para borrar las ferias, caminantes y ciclistas de nuestras calles, para ahogar a la gente con emisiones tóxicas, para poner la rapidez por sobre la salud, la seguridad, el bienestar. Con su auge en Chile se fue eliminando árboles, jardines y parques, convirtiéndolos en pistas, ampliaciones, asfalto.

En Santiago, según los datos de la Encuesta Origen-Destino (2012), solo un 40% de hogares (no de personas) tiene un automóvil disponible. Tal como se reparte la pobreza en distintas zonas (mapa 1), se concentra la tenencia de autos (mapa 2) en unas pocas comunas. En el resto de la ciudad, la caminata, la bicicleta y el bus (mapa 3), son medios de transporte mayoritarios. No obstante, la inversión en la caminata es prácticamente cero, y en la bicicleta unos pocos millones versus billones para autos y Metro.

Más allá del policentrismo, una ciudad “panal” partiendo con el Anillo Interior

Hoy son muchas las ciudades líderes que están probando cambios espaciales, territoriales. En Barcelona, desarrollan módulos de 3 x 3 manzanas, donde la gente puede andar libremente, pero los autos solo pueden entrar o salir, no pueden circular a su interior. En Houten aplicaron este modelo al nivel de ciudad (80.000 personas) lo que permitió tener espacio seguros para caminar y pedalear, y mucho verde, incluyendo vivienda social y lagunas, que además tratan aguas grises.

Esto libera espacio para juegos en las calles aledañas a escuelas, jardines en áreas de adultos mayores, huertas urbanas para reforzar la cadena alimenticia, y otros beneficios. Ya son varios los sectores de Santiago centro y Providencia que han implementado políticas similares, las que además han reducido significativamente los robos en zonas residenciales.

Surge la potencialidad de una ciudad con una nueva estructura: como un panal, con células con un alto nivel de autosustentabilidad, con movilidad interna que mantiene el distanciamiento al mismo tiempo que permite actividad física y encuentros – caminar, jugar, pedalear, hasta hablar – vital para la salud física y mental.

Estas células, que llamamos barrios, son fuentes de amistades, identidades y solidaridades especialmente en los peores momentos. Se pueden abrir y cerrar, manteniendo su funcionamiento en la medida de que no hay presencia de virus a su interior, y conectándolos selectivamente con otros lugares libres de virus en tiempos de crisis, y toda la región, en tiempos “normales”.

Si tuviésemos parques, escuelas y liceos de calidad en cada barrio, como hacen las ciudades canadienses por ejemplo, y de seguir sin infecciones detectadas, sería posible mantener funcionando las escuelas y otros servicios equivalentes en cada sector, siguiendo las recomendaciones de distanciamiento y de testear y trazar contactos contagiados, que es central en todas las respuestas efectivas al Covid-19.

Así vislumbramos una nueva organización de la ciudad: escuelas básicas de calidad para cada barrio, con profesores locales y viajes caminables y pedaleables para estudiantes; una red completa para caminar bajo sombra y con fragancia de flores, y una red complementaria para separar las ciclistas, bicicargas y bici-taxis y así cuidar la seguridad y la convivencia.

Fuente: Moris, R. (2013) Anillo Interior de Santiago. Primera década y desafíos de sustentabilidad. Revista CA. Ciudad y Arquitectura. Nº151, Otoño 2013, Movilidad. Santiago, Chile.

Con la automovilidad, el mall es central en el sistema de compras, concentrando ingresos en el dueño de la propiedad, un grupo muy pequeño en la sociedad chilena. Les compradores vienen de muchos lados distintos, aumentando exponencialmente la probabilidad de repartir contagios por toda la Región Metropolitana. Contrasta la experiencia en, por ejemplo, el Barrio Bellavista, donde nos auto-aislamos temprano, y pudimos seguirnos abasteciendo gracias a la feria y los almacenes, fuente vital de alimentos y cariños.

Potenciar la presencia de ferias libres, dedicándoles calles enteras y expandiendo su presencia en zonas donde hacen mucha falta: en Santiago ya suministran un 70% de productos frescos, pero en la Araucanía y otras zonas son menos accesibles para poblaciones que las necesitan con urgencia.

De revertir el patrón actual de viajes, además, como se ha hecho en alguna medida frente a esta crisis, se preserva aún más la integridad del barrio y su capacidad de funcionar, al llevar vacunas, remedios y otras necesidades a personas vulnerables o enfermas, en vez de obligarlas a ir a los grandes centros de salud, centros de contagio.

El desafío mayor es cambiar la visión, ya que los conocimientos e incluso las propuestas están, desde hace tiempo. Renovar el Anillo Interior, como han propuesta varias generaciones de arquitectos y urbanistas, aprovechando lo que fue la infraestructura del ferrocarril, permitiría ubicar servicios en nodos límites para atender a gente de 14 comunas, la mayoría de menores ingresos, con un transporte público, condiciones de caminata y bicicleta de primer nivel.

Lograr una densidad equilibrada con servicios ecológicos co-diseñados con las comunidades locales aumentaría la eficiencia de la ciudad, y también la alegría, ingrediente central de la salud y el bienestar. Y permitiría una mejor respuesta en estos tiempos de pandemia, tiempos que, todo indica, estarán con nosotros mucho tiempo.

Estos son hitos resumidos de un conocimiento que hemos desarrollado durante la última década investigadores de CEDEUS (PUC), de la UFRO, la Mayor de Temuco, la Chile, y la Diego Portales, con colegas en todo el mundo. Están a disposición de todas las personas y organizaciones que quieran construir una ciudad más sana y sustentable, junto con la equidad y la inclusión que exigen, con todo derecho, les chilenes desde hace mucho tiempo, y con más fuerza que nunca.