Volver a caminar

Revista VD El Mercurio/ 12 de septiembre 2020/ La investigadora CEDEUS y profesora titular de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo UC, Rosanna Forray, plantea en su columna que caminar ya no es un acto funcional, situado entre dos lugares o dos quehaceres, sino que se ha convertido en un medio y destino.

Ponerse a caminar, con o sin destino, es una forma de resistencia, una rebelión contra la inmovilidad a la que estaban sujetos los cuerpos, los pensamientos, las cavilaciones, los proyectos. Es un reencuentro con la ciudad, la sociedad y con nosotros mismos.

Así lo muestran los caminantes convocados por el colectivo La Reconquista Peatonal en el cuaderno “Volver a caminar”. ¿Qué dicen? Que andar es un acto de liberación. Tras conquistar calles y plazas vino el encierro, el miedo al contagio, a los desconocidos, a la noche, a los asaltos, la obligación de justificar cada salida, la reclusión en los deberes del hogar. Hoy salir es escapar de la rutina, recuperar la libertad.

También es rebeldía contra la eficiencia. Es ser y estar aquí y ahora, sin reloj, emancipados del ritmo productivo. Sentarse a leer, tomar el fresco o algo de sol, que pase el tiempo sin ganarlo ni perderlo. Es soberanía frente al ritmo social. Caminar ya no es un acto funcional, situado entre dos lugares o dos quehaceres, sino un acto existencial; era un medio y se volvió un destino.

Aparece como un retorno a la existencia, un modo de afirmación de sí en el reencuentro con la ciudad. Se explora “el espacio interior y exterior”, se recorre la propia biografía, cada quien vuelve a sus lugares, a sus afectos. Es reconectarse con el mundo a través del cuerpo.

Los sentidos se agudizan y se sorprenden con el sol en la piel, el viento en la cara, el movimiento del pelo, el olor del verde, las copas de los árboles, los cerezos en flor, la vereda asoleada, el sonido del río, los tonos rosados de la luz en la cordillera, las hojas secas bajo los pies. Así, lo mismo de siempre nos parece distinto. Pero tras la explosión de los sentidos se esconde el espectro del contagio.

La escena perfecta se transforma en ansiedad, nos asalta la obsesión por no tocar, que nadie se nos acerque. Volver a caminar es una conquista ante el miedo, un desafío al virus, vencer el reflejo de ver a los demás como focos de contagio, buscar tras las mascarillas la sonrisa, la angustia, el desconcierto, la alegría.

Caminar, finalmente, es entrar en política. Ver la diferencia entre la ciudad que dejamos y la que reencontramos. La mascarilla maldita empaña los lentes y aparece abruptamente lo que antes era invisible: más gente viviendo en la calle, largas filas de espera, más vendedores ambulantes. Emerge la inquietud por la desigualdad. La calle no es la misma, nos dicen los caminantes, está llena de pájaros, florece la vida, pero también hay campamentos, gente con hambre, sin trabajo, que nos recuerdan lo que hemos negado una y otra vez. La pobreza salió de las sombras.

Fuente: Revista VD El Mercurio