Giovanni Vecchio/ Desplome de natalidad: la ciudad que no ayuda

Natalidad y planificación urbana

30 de junio/ El País/ En una nueva columna de opinión, el investigador de CEDEUS aborda cómo la decisión de tener o no hijos puede impactar en el desarrollo de la vida en la ciudad.

Frente a la decisión de tener o no hijos, la ciudad puede ser un obstáculo que suma más costos a una decisión que ya se considera económicamente pesada.

“Los niños son caros de mantener”. Es la principal razón que la última encuesta CEP identifica para que los chilenos decidan no ser padres, a pesar de que los encuestados sí quisieran tener más hijos de los que tienen. Pero hay un costo adicional que pocas veces se mide al hablar de natalidad: el tiempo que exige moverse en la ciudad, o entre comunas, para realizar todas las actividades relacionadas con traer al mundo una nueva vida y cuidarla.

Basta con mirar dónde trabajan los chilenos y dónde estudian sus hijos. Según el Censo 2024, un tercio trabaja en una comuna distinta a la de residencia, porcentaje que supera el 50% en la Región Metropolitana. Y sus niños deben moverse: los datos del ministerio de Educación revelan que, solo en la RM, dos de cada tres estudiantes de básica y media se trasladan a una comuna distinta.

Cuando una persona reside en una comuna, trabaja en otra y se ve obligada a acceder a escuelas, servicios de salud y otras oportunidades lejos de su vivienda o trabajo, la movilidad se transforma en un desafío adicional para conciliar la crianza. Es un costo aún más relevante en regiones, donde, fuera de las principales ciudades, realizar actividades cotidianas implica casi siempre el traslado hacia otras comunas.

Las respuestas a las necesidades de movilidad no son las mismas para hombres y mujeres. Ellas dependen más del transporte público: el mismo Censo muestra que en Chile el 50% llega a trabajar en transporte público, frente al 36% de los hombres, que acceden con mayor frecuencia a un vehículo propio. Esta diferencia pesa considerablemente en ciudades donde el transporte público y la infraestructura vial han sido pensados para el viaje entre casa y trabajo, excluyendo los desplazamientos encadenados relacionados con el cuidado. Y sabemos que, en Chile, quienes concentran más responsabilidades son las mujeres. La II Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo arroja que las mujeres dedican al cuidado una cantidad similar a la que destinan a su trabajo remunerado.

El tiempo destinado a moverse hace evidentes estos costos. Según los Indicadores de Sustentabilidad Urbana de CEDEUS, buena parte de los habitantes de diversas ciudades de Chile dedica más de una hora diaria a sus desplazamientos. Esto ocurre en más de la mitad de la población de Santiago (62,2%), Puerto Montt–Puerto Varas (62,8%), Temuco (59,4%), Valdivia (51,6%) y Valparaíso (54,2%).

Las acciones frente a la crisis de natalidad de Chile deben entonces considerar también la ciudad y su movilidad. Políticas sociales como subsidios, permisos o salas cuna son necesarias, pero por sí solas no responden a estructuras urbanas que dificultan conciliar la crianza con el trabajo y otras actividades. Es necesario intervenir también en la planificación de las ciudades para reducir los costos de criar a un hijo en la ciudad.

Ciudades como Viena han promovido formas de densificación equilibrada para acercar el equipamiento a las viviendas, mientras que Bogotá ha introducido las manzanas del cuidado, agrupando servicios que apoyan también la crianza en espacios accesibles a pie. A estos conocidos ejemplos pueden sumarse otras medidas: localizar servicios de cuidado también cerca de los lugares de trabajo y extender sus horarios para facilitar el acceso de quienes trabajan.

Frente a la decisión de tener o no hijos, la ciudad puede ser un obstáculo que suma más costos a una decisión que ya se considera económicamente pesada. Reducir las distancias entre donde se vive, se trabaja y se cuida no va a resolver la crisis demográfica. Pero podría hacer que la decisión de ser padre y madre no dependa, además, de cuántos kilómetros o cuántas horas de viaje se esté dispuesto a dedicar.