Ciudad y COVID-19: Desigualdad socio espacial y vulnerabilidad

Ciper/24 de marzo 2020/ El virus puede contagiar a cualquiera. Pero una ciudad segregada, como Santiago, afecta la forma “cómo los individuos vivirán la enfermedad o si morirán enfrentándola”, explican los autores de esta columna. En este artículo analizan “los focos de contagio y sus características, así como las zonas donde podría encontrarse la población más vulnerable ante el virus”. Establecen que hay 290 mil adultos mayores expuestos en comunas que, por diversos factores, son más vulnerables a enfermedades .

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Por Francisco Vergara Centro de Producción del Espacio (CPE-UDLA); Felipe Encinas, Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS); Carlos Aguirre Centro de Producción del Espacio (CPE-UDLA); Ricardo Truffello, Observatorio de Ciudades UC (OCUC) y Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS); Juan Correa Centro de Producción del Espacio (CPE-UDLA); Felipe Ladrón de Guevara, CEDEUS.

Sabíamos que podríamos estar expuestos a una amenaza planetaria[1], pero no se tenía certeza de cuándo aparecería.  El COVID-19 no discrimina en cuanto a las condiciones de vida de las personas; puede contagiar a cualquiera. Pero una ciudad segregada impacta en la expansión del virus y en cómo los individuos vivirán la enfermedad o si morirán enfrentándola. Es crucial considerar la desigualdad socioespacial de Santiago a la hora de tomar medidas urgentes para enfrentar la emergencia sanitaria y la geografía humana tiene mucho que portar. En este artículo se analizan los focos de contagio y sus características, así como las zonas donde podría encontrarse la población más vulnerable ante el virus.

El MUNDO DE LA PANDEMIA

Desde el fin de la Primera Guerra Mundial hemos avanzado en un proceso de urbanización planetaria donde las fronteras se han ido borrando para permitir el libre tránsito de actividades, capitales y personas. A la par, algunas ciudades comenzaron a cumplir funciones específicas vinculadas a esa circulación global[1]. Hoy, esquemáticamente hablando, el planeta tiene su centro comercial configurado principalmente por Londres y Nueva York, con macro-regiones circundantes, como Paris, Frankfurt, Bruselas, Washington, Boston. También son identificables áreas manufactureras, principalmente en Asia y en menor medida México y Brasil; y territorios donde se extraen los recursos naturales principalmente en África y América .

Este modelo planetario se inspira en la idea de “la ciudad mundial” de John Friedmann[2], en la teoría de la dependencia de Cardoso y Faletto[3], en la urbanización planetaria de Henri Lefebvre[4] y en la teoría del sistema mundo de Immanuel Wan[5]. Los riesgos que este modelo plantea son evidentes: destrucción de los tejidos productivos locales, concentración económica y política, neutralización cultural,  vulnerabilidad frente al cambio climático y también, alta exposición a amenazas microscópicas como las que enfrenta el mundo de cara al Coronavirus COVID-19.

SANTIAGO: UNA CIUDAD CON DOS PAÍSES

En ciudades como Santiago coexisten un país de altos ingresos con uno de muy bajos ingresos, por lo que la exposición al COVID-19 se volverá compleja cuando ese país pobre se comience a infestar. Al parecer, ese proceso, ya ha comenzado.

Resulta clave, entonces, identificar los territorios más vulnerables al contagio. Se ha dicho que quienes están más expuestos a los riesgos mortales de este virus son los ancianos con enfermedades crónicas[6]. En Chile, debido a que el sistema de salud ya presenta una importante demanda sin cubrir, y considerando la escasa regulación del mercado de la salud, es posible que el riesgo de mortalidad aumente en los adultos mayores de menores ingresos, que en Chile gracias al paupérrimo sistema de pensiones, son la gran mayoría de dicho grupo etáreo. Los factores de segregación socio-espacial serán claves para entender qué sectores de nuestras ciudades son más críticos ante la pandemia.

Mapa 1. Ubicación de personas diagnosticadas según centros de salud en relación a grupo socio-económico dominante en el Gran Santiago

Como se puede observar en el Mapa 1, los diagnósticos positivos se han concentrado en el cono de altos ingresos de la ciudad, por lo cual es importante evitar que nuevos sectores de la capital entren al proceso de expansión del contagio que según se puede ver ya ha comenzado. Como se ha dado a conocer ampliamente en los medios de comunicación, la opción de quedarse en casa se alinea con una técnica efectiva para reducción de riesgos de desastres en emergencias sanitarias por enfermedades infectocontagiosas, pero también ocurre que la irresponsabilidad de algunos contagiados hace que la recomendación sea inútil sin medidas más agresivas.

Debido a que las viviendas mejor equipadas estarían en el sector de altos ingresos de la ciudad, quedarse en cuarentena podría ser menos complicado de sobrellevar que en otros sectores del Gran Santiago. Por el contrario, en las comunas más vulnerables se concentra la población con trabajos más informales, presentando mayores dificultades para realizar la cuarentena y aislamiento social. Si bien el virus pareciera estar concentrado en el cono de altos ingresos (Mapa 2), la primera persona fallecida por el contagio fue una persona sobre 80 años viviendo en una comuna de escasos recursos. La segunda persona fallecida también fue una persona de la tercera edad que padecía cáncer. En el Mapa 2 se puede ver que el contagio fuera del cono oriente ya comenzó por lo que hay que actuar con urgencia.

Mapa 2. Localización de personas con contagio en el Gran Santiago. Fuente: Ministerio de Salud.

 

ZONAS VULNERABLES / VIVIENDAS VULNERABLES

La mortalidad del COVID-19 afecta principalmente a los mayores que tengan enfermedades crónicas o alguna otra dolencia respiratoria. Es por esta razón que resulta vital conocer dónde se ubica la población de más alto riesgo de mortalidad: adultos mayores de menores ingresos y más segregados socioeconómicamente. Según los datos del Censo 2017, su distribución se concentra en comunas ubicadas hacia el norponiente y surponiente (Mapa 3).

Mapa 3. Ubicación de adultos mayores y segregación socioeconómica en el Gran Santiago.

 

El COVID-19 se vuelve mucho más peligroso cuando se asocia a otras infecciones respiratorias, como la gripe o la influenza. Para evitar la propagación y desarrollo de estas enfermedades, asumiendo que el coronavirus estará sin cura por un buen tiempo, hay que entender los riesgos a los que está expuesta la población de cara al invierno y en relación al hábitat urbano. La literatura internacional ha demostrado que la calidad de la materialidad de las viviendas resulta clave para generar condiciones ambientales interiores apropiadas para combatir el surgimiento de enfermedades. El concepto de “pobreza energética” —asociado a la vulnerabilidad en la provisión de energía, calefacción y calidad de la vivienda— ha sido clave en poder vincular estas condiciones del hogar con las políticas de salud pública[7].

En este sentido, para planificar las acciones que disminuyan el riesgo de contagio y la propagación de la amenaza sanitaria, es relevante identificar los sectores de la ciudad donde existen viviendas con materiales cuya aislación térmica es más precaria, a la par que la diferencia entre las temperaturas mínimas y máximas en el año son mayores.

En el Mapa 4, se puede ver la relación de dónde se ubican las viviendas de menor calidad constructiva y donde existe la mayor amplitud térmica anual, en palabras simples: lugares donde hace más frío en invierno y más calor en verano. Así, se identifican que las comunas que podrían tener mayor vulnerabilidad ante la exposición a enfermedades respiratorias serían La Granja, La Pintana, Estación Central, Quilicura, Cerrillos y algunos sectores de Peñalolén, Macul, La Florida, Recoleta, Independencia y Cerro Navia, sumando un grupo expuesto de más de 290.000 adultos mayores, que podrían sufrir también el colapso de los centros de salud pública, donde se atiende mayoritariamente este grupo de la población.

Mapa 4. Materialidad de la vivienda y amplitud térmica anual.

Nuevamente la segregación residencial indica que el sector oriente de mayores ingresos es el menos expuesto a los problemas la calidad de la vivienda en relación a las variaciones de las temperaturas extremas, y con ello, a posibles enfermedades respiratorias.

El coronavirus traerá consigo un frenazo económico, probablemente más intenso que el generado por la crisis financiera global del 2008 detonado por el colapso de la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos. Esto obligará a repensar las relaciones sociales y la organización de la sociedad, como ha ocurrido con otras pandemias en la historia de la civilización. En una crisis donde nuestro modelo político-económico no es capaz de responder, ni en tiempo ni en forma, la especulación de los precios, el sobreendeudamiento de empresas y familias, el colapso del consumo de bienes no básicos, cargan de incertidumbre nuestras próximas semanas.

Las ciudades, en una situación de urbanización planetaria, son vitales para preparar respuestas óptimas ante episodios pandémicos como los que vivimos ahora y no bastará con armar hospitales temporales o modulares. Es fundamental que esta crisis de la ciudad mundial se entienda, también, como un llamado a planificar el espacio colectivo desde la solidaridad. Ojalá estemos a la altura como sociedad.

FUENTE: CIPER

[1] Una interesante aproximación se puede revisar en Lynteris, C. (2019). Human Extinction and the Pandemic Imaginary. Routledge.

[1] Neil Brenner «Theses on urbanization.» Public culture 25.1 (69) (2013): 85-114.

[2] John Friedmann, “The World City Hypothesis,” Development and Change 17, no. 1 (January 1986): 69–83, https://doi.org/10.1111/j.1467-7660.1986.tb00231.x.

[3] Fernando Henrique Cardoso and Enzo Faletto, “Dependencia y Desarrollo En América Latina: Ensayo de Interpretación Sociológica,” Sociología y Política 14a correg (1978): 213.

[4] Henri Lefebvre, La Revolución Urbana (Madrid: Alianza Editorial, 1974).

[5] Immanuel Wallerstein, “The Rise and Future Demise of the World Capitalist System: Concepts for Comparative Analysis,” Comparative Studies in Society and History 16, no. 4 (1974): 387–415.

[6] Tetsuro Kobayashi et al., “Communicating the Risk of Death from Novel Coronavirus Disease (COVID-19),” Journal of Clinical Medicine 9, no. 2 (February 21, 2020): 580, https://doi.org/10.3390/jcm9020580.

[7] Primc, K., Slabe-Erker, R., Majcen, B., 2019. Constructing energy poverty profiles for an effective energy policy. Energy Policy 128, 727–734. https://doi.org/10.1016/j.enpol.2019.01.059

 

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