El florecimiento de la participación de la ciudad

El Sur/ 27 de Septiembre del 2019/ Columna De Francisco de la Barrera, ecólogo e investigador del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable, donde entrega las posibles soluciones para el movimiento social actual.

 

La sustentabilidad urbana como proceso tiene por objetivo que las comunidades florezcan, desarrollándose de forma plena, en un ambiente libre de contaminación y satisfaciendo las necesidades de las personas. La rebelión actual refleja un descontento masivo, porque justamente todo lo anterior no se distribuye en forma equitativa y la experiencia de ciudad es desigual.

La ciudad como artefacto concentra y , en teoría, democratiza el acceso oportunidades, bienes y servicios. No obstante, la codicia ha generado que desarrollo de negocios vinculados a la construcción de infraestructura, edificaciones y comercios niegue la ciudad a cada vez más gente. Muchas personas deben destinar mucho tiempo al día en desplazamientos ineficientes, inconfortables e inseguros.

Al llegar a sus viviendas durante el invierno, se enfrentan a condiciones ambientales que ponen en riesgo su salud y deben temperar sus fríos hogares con combustibles contaminantes, dado que sus viviendas están inadecuadamente construidas, sin aislación térmica, incrementando la contaminación puertas adentro. Los servicios de salud pública colapsan y el acceso a medicamentos es privativo.

Vecinos se enferman, no pueden trabaja, demandan cuidado de un familiar, usualmente una mujer que tampoco podrá trabajar, y algunos mueren. La densidad poblacional es elevada en barrios de pocos pisos, dado que las viviendas tienen allegados que no han podido acceder a una vivienda propia o costear un arriendo. Estos conciudadanos requieren viviendas dignas y del espacio público como una extension de la vivienda.

La mala calidad y distribución de los espacios públicos, como por ejemplo plazas de barrio, veredas y espacios para ferias libres y comercios, denotan injusticias urbanas y rara vez responden a las necesidades de la misma población. Esta breve muestra del violento día a día de muchas personas debe cambiar, con cambios políticos profundos que no pueden esperar.

Esos cambios de fondo deben ser acompañados con una mejor legislación urbana y ambiental que permita al Estado hacer una mejor y mas sustentable planificación y gestión territorial. Promulgar Planes de Prevención y Descontaminación Ambiental en las ciudades contaminadas facilita recursos frescos, impulsa el desarrollo de áreas verdes, agrega exigencias a la construcción de viviendas, da calidad de vida y puede salvar vidas. ¡Concepción no puede seguir esperando!

Cambios en la Ley General de Urbanismo y Construcciones y su ordenanza deben fortalecer la participación ciudadana temprana, informada, formalizada y permanente para que la gestión urbana y el diseño de los instrumentos de planificación territorial comunal permitan mejorar la calidad de los barrios. Esto implica abandonar la forma en que hoy se planifica y gestiona la ciudad, donde pocos pueden y saben hacerlo, hay escasas herramienta legales y hay presiones de quienes ven la ciudad como solo un espacio de negocios.

Para que esto ocurra se requiere de formación y responsabilidad ciudadana, nuevos instrumentos y un nuevo trato. El desarrollo de consultas y plebiscitos comunales requiere también del fortalecimiento de las juntas de vecinos y el apoyo de organizaciones ciudadanas y de las universidades y sus centros de investigación. En estos últimos tenemos la responsabilidad triple de formar mejores profesionales, de apoyar y acompañar a las organizaciones de base, y de abrir espacios de diálogo para generar soluciones.

El modelo que ha seguido el desarrollo de la ciudad a secado el florecimiento de las comunidades. Las flores secas de la vieja forma de hacer ciudad no nos pueden dejar sin pensar ni escuchar, porque a futuro hablaremos de lo significativos que fueron estos días.

FUENTE: EL SUR