Obras, desarrollo territorial y transporte

Revista EREDE diario El Sur / Jueves 29 de agosto 2019 / Por el Ingeniero en Transportes e Investigador Principal de CEDEUS, Juan Antonio Carrasco.

Un ejercicio cada vez más común y saludable es proyectar las necesidades de infraestructura de nuestras ciudades y, en vez de esperar la voluntad política para que éstas se materialicen, construir un debate público en torno a ellas. De esa manera, se genera un cierto “consenso”, al menos mediático, en las posibles obras de infraestructura necesarias para nuestra región. En cuanto al movimiento de carga, a la larga discusión de una Plataforma Logística, se han sumado – y comenzado a materializar – obras tales como el Puente Industrial y el Ferroviario. De manera similar, quienes impulsan la idea de un metro para Concepción, han trabajado fuertemente para que mediáticamente se transforme en la gran prioridad para el desarrollo de nuestra ciudad. Es innegable que existe un rezago en la infraestructura de nuestra región para mover carga y pasajeros; sin embargo, no es claro que solo ella vaya a proveer un cambio sustancial en nuestro territorio.

De hecho, circunscribirse solamente a “grandes obras” para el desarrollo de la región puede convertirse en una trampa peligrosa para el objetivo final de mejorar la calidad de vida en nuestro territorio. Producto de la incertidumbre de nuestros tiempos, un primer elemento clave que está surgiendo internacionalmente es el cambio del paradigma de “predecir y proveer” a “decidir y proveer”. Tradicionalmente nuestra planificación de transporte busca predecir los impactos de la infraestructura acomodando necesidades “actuales”, como la congestión, sin proyectar necesariamente una visión de futuro más amplia e inclusiva respecto a nuestras ciudades. Por ello, es necesario primero “decidir” qué buscamos como territorio, proceso que no es solamente técnico, sino que también político. Por ello, es necesario explicitar que el metro para Concepción, la definición de la altura máxima de edificios en Concepción, o el puente Bicentenario son también procesos políticos y no solo técnicos. En efecto, esas decisiones tienen como trasfondo visiones de ciudad, y requieren un debate ciudadano de todos los actores involucrados, que equilibre el poder de grupos que tienen menos influencia que otros, y sincere costos y oportunidades de cada actor. Esas decisiones y visiones de ciudad también deben estar condicionadas al contexto de urgencia de la actual Emergencia Climática que enfrenta nuestro planeta, yendo más allá de las soluciones tecnológicas, comprometiéndose al necesario radical cambio de comportamiento que se requiere.

Un segundo aspecto clave en ese contexto es salir del paradigma de las “grandes obras” aisladas, y plantear una mirada integral de nuestro territorio, lo cual es probablemente más difícil, pero necesario. Si nuestro territorio busca tener “ciudades creativas”, que atraigan y generen un mayor desarrollo económico y social, ello debe ir aparejado de su calidad y atractivo. Lo anterior no solamente se relaciona con mayor infraestructura, sino que con ciudades más amables para, por ejemplo, caminar y andar en bicicleta, y así recrearse e interactuar con otros, de manera segura y a escala humana. En ese sentido, un gran desafío para nuestra región son las “pequeñas” obras de infraestructura; es decir, cómo nuestros espacios urbanos en la micro y macro-escala facilitan una buena calidad de vida, que vaya más allá de movilizarse rápido de un punto a otro. Cuando mujeres, niños, y adultos mayores puedan moverse con seguridad en nuestra ciudad, tendremos ciudades realmente atractivas.