Sandra Cortés: Se necesita «una reflexión» sobre el uso de bombas lacrimógenas

EMOL/ 24 de octubre del 2019/ En los últimos días se ha visto -al igual que en la mayoría de las movilizaciones sociales- un uso constante de estos dispositivos que no sólo generan problemas en las personas en una primera instancia, sino que pueden tener diversas consecuencias a largo plazo.

Desde el viernes en la noche en el país se comenzó a vivir un Estado de Excepción Constitucional que llegó a afectar hasta 11 localidades del país, en medio de esta crisis social, parte de la ciudadanía ha decidido salir a manifestarse a las calles, lo que ha concluido en reiteradas oportunidades en enfrentamientos entre Carabineros o militares y la población, muchas de estas veces con el uso de diversas medidas de dispersión como son las bombas lacrimógenas.

Estos objetos no son una novedad en las movilizaciones en las calles, estuvieron en 2006 con la Revolución Pingüina, en 2011 con las marchas universitarias e incluso este año tras el asesinato de Camilo Catrillanca. Cada vez que se intenta separar las marchas, las lacrimógenas llegan a la calle.

Lo primero que se debe aclarar es que realmente no se trata de gases, sino de una mezcla de químicos entre los que se pueden encontrar «aerosoles de pimienta, inductores de vómitos tóxicos y algunas sustancias sedantes», explica a Emol la doctora en Salud Pública, Sandra Cortés, y agrega que «estos gases lacrimógenos en realidad no son gases, sino que son irritantes químicos tóxicos en forma de polvo o gotas mezcladas a concentraciones variables en un solvente».

Sus compuestos varían según la legislación y en Chile esto no está tan claro como en otras naciones. Según la también presidenta Sociedad Chilena de Epidemiología y miembro de la Red de Investigadoras (RedI), en la Unión Europea se utiliza clorobenciliden-malononitrilo (también conocido como CS, por las siglas de sus autores, los químicos Corson y Stoughton), cloroacetofenona (CN), dibenzoxazepina (CR), oleorresina capsicum (OC) y ácido pelargónico vanililamida (PAVA).

La experta agrega que «en países no desarrollados también se usa un agente irritante a base de arsénico» o también «una mezcla de extractos de pimienta».

Por su parte, el profesor asistente de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral, Fernando Muñoz, explica en un artículo publicado en 2016 que el «gas lacrimógeno es una ‘denominación común para referirse a una familia de compuestos químicos’ integrada por unos ‘quince químicos usados mundialmente como agentes lacrimógenos’, y caracterizada por la facultad de estos compuestos de «causar discapacidad temporal».

Todo esto tiene diversas consecuencias para la salud y el medio ambiente. Además de la sintomatología más conocida, como la irritación de ojos, vías respiratorias y reacción dérmica a estos productos, la doctora Cortés detalla a Emol que estas son sólo las más graves, pero no las únicas.

La exposición permanente también es importante

Para entender el impacto que tienen estos químicos es importante también destacar que los grupos más afectados son «los niños, personas mayores, mujeres embarazadas y personas con alguna condición de salud respiratoria o cardiovascular previa», comenta a Emol Cortés, quién también se desempeña como académica de la Escuela de Medicina de la Universidad Católica.

Entre los síntomas iniciales se encuentran «sensaciones de desgarro y ardor en ojos, tos, disnea, erupciones cutáneas, ampollas, hipertensión, náuseas, vómitos y agitación», sin embargo, cuando una persona se encuentra en exposición reiterada con estos químicos la situación puede empeorar.

Esta preocupación nace porque el país lleva casi una semana en estos enfrentamientos y el uso de bombas lacrimógenas se realiza en reiteradas oportunidades durante un mismo día, por lo que muchas de las personas están expuestas a altas cantidades de estos elementos.

«Los datos disponibles respecto a los efectos a largo plazo por el uso de estos polvos y su relación con carcinogenicidad y otros daños en salud son limitados», apunta la científica nacional.

Además, se debe sumar la posibilidad de que los contenedores de los químicos impacten en los manifestantes, algo que ha sido denunciado en reiteradas oportunidades a través de redes sociales. Esto puede generar «rupturas del globo ocular y ceguera, lesión cerebral traumática, amputaciones o pérdidas funcionales de extremidades, secuelas psicológicas como estrés agudos, estrés postraumático y exacerbación de cuadros depresivos».

En tanto, «las partículas en suspensión provenientes de los gases lacrimógenos se verán potenciadas en su característica irritante tóxica, no sólo de las vías respiratorias», sino también los ojos y la piel en general.

El impacto medioambiental de químicos en la superficie

En medio de una preocupación por el medio ambiente, la exposición constante a químicos liberados en ciudades altamente pobladas, como ocurre en distintos lugares a lo largo de todo Chile donde se han mantenido movilizaciones -incluso algunas pacíficas que terminan en el uso de estos dispositivos-, la acumulación de estos elementos puede tener un impacto mayor.

«En experiencias similares por su violencia y el uso indiscriminado de gases lacrimógenos en población general, se mostró que su uso en espacios cerrados como estaciones de ferrocarril y en centros comerciales se alcanzaron altas concentraciones por una cantidad prolongada de tiempo, lo mismo en zonas residenciales de alta densidad y en comunidades con muchas personas mayores», dice la también investigadora asociada del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS).

No obstante, aclara que la literatura científica al respecto aún es escasa.

«Tratándose de polvos en suspensión, es posible esperar aumento en los niveles de partículas en el aire, sumándose a las partículas y gases ya existentes en el aire y que algunos ya son muy irritantes respiratorios como el dióxido de azufre u ozono», aclara Cortés.

En las directrices existentes por parte de la academia «se destaca la aparente falta de recomendaciones de descontaminación de las personas y superficies contaminadas con el polvo de las municiones lacrimógenas, junto a la ausencia completa de guías sobre protección de la salud contra los efectos secundarios de gas lacrimógeno».

Entre las principales recomendaciones que se pueden encontrar fácilmente -muchas de ellas compartidas en redes sociales en los últimos días- está el uso de soluciones de agua (95%) y bicarbonato (5%), así como evitar el contacto con superficies contaminadas u otros productos como el vinagre.

Cortés pone como ejemplo Hong Kong y, por supuesto, la crisis social que se vive en Chile desde la semana pasada, y asegura que se hace necesaria «una reflexión pública sobre la adecuación del uso del gas lacrimógeno para el control de manifestaciones en áreas densamente pobladas».

«Es pertinente elaborar pautas de descontaminación y salud, protección a las comunidades afectadas y demás actores involucrados», postula la experta y puntualiza que «los diversos efectos perjudiciales en salud, sus posibles implicancias ambientales y las regulaciones internacionales, son antecedentes a considerar para dar urgencia a una discusión sobre su uso en Chile».

FUENTE: EMOL