Sobre la “ley Uber” y movilidad en Concepción

Mirada Urbana de diario El Sur / Domingo 8 de septiembre de 2019 / Por el Ingeniero Civil e investigador de CEDEUS Sebastián Astroza.

Hace algunas semanas el Senado aprobó la llamada “ley uber”, la cual exige licencia profesional a los conductores de Uber (y empresas similares como Beat o Cabify), además de otras reglas orientadas a proteger a los usuarios de estas aplicaciones de transporte. Muchos especialistas han puesto en discusión diversos elementos que creen pueden ser considerados de manera más profunda en la ley.

Cosas como que un gran porcentaje de los conductores maneja más de 50 horas semanales (poniéndose ellos y a sus pasajeros en riesgo), o la falta de información para el trabajador que no puede calcular el costo directo de su trabajo. También Uber ha reaccionado y comunicado que 70 mil personas perderían una fuente laboral y que el servicio se cancelaría en varios sectores del país y la región, como por ejemplo Los Angeles, Lota, Coronel, Chiguayante, Penco y Tomé.

Si bien la discusión de las condiciones laborales de los conductores y la seguridad de los pasajeros es de enorme valor y pareciera ser un piso básico en el debate, falta darle una mirada más amplia al asunto, en cuanto a transportes en Chile. ¿Ha sido Uber un aporte a la movilidad de nuestra región? ¿Ha disminuido o aumentado la cantidad de autos en las calles? ¿Cuántas personas utilizan estas aplicaciones en horario punta? ¿Es común usarlas para ir a trabajar o al colegio/universidad? ¿O uber se usa mayoritariamente para trámites, salidas nocturnas, o viajes no tan necesarios? ¿Existe alguna persona en esta ciudad que ha podido acceder a servicios importantes gracias a estas aplicaciones y que antes no tenía cómo? Diversas preguntas que aún no tienen datos, ni respuestas.

Mientras las empresas no estén dispuestas a compartir sus cifras o información, es poco lo que se puede decir a ciencia cierta. Existen metodologías, algunas incluso desarrolladas por colegas chilenos de destacada carrera internacional, que permitirían extraer información valiosísima si Uber (o similares) pudieran detallar cuántos viajes se hacen de dónde para dónde, en un período de algunos días. Podríamos entender quiénes usan estas aplicaciones, para qué las ocupan, en qué horarios son necesarios, qué propósitos de viajes son los que predominan en su
demanda, su capacidad de respuesta ante emergencias, o eventos fortuitos e incluso (si se complementara con otras fuentes de datos) cuál es el modo de transporte que los usuarios están reemplazando con estas “nuevas aplicaciones”.

Más aún, podríamos entender el rol que estos novedosos modos de transporte tienen en la sociedad, no sólo en cuanto al número de viajes, si no que también como un elemento más dentro del gran organismo que es una ciudad.
Una ciudad sustentable no es la que produce menos contaminación atmosférica, es la que permite a sus ciudadanos oportunidades y accesos a elementos que mejoren su calidad de vida en todas sus dimensiones. Algunos pensaran que si Uber tiene un papel importante que jugar en eso, bienvenido sea. El problema es que llegamos al punto en que debe demostrarlo.

Fuente: diario El Sur.

Imagen: Uber.